Gestionar comportamientos tóxicos

Hablar sobre las personas “tóxicas” es un tema recurrente, cada x tiempo leo publicaciones o comentarios sobre ello. Sin embargo, prefiero hablar de comportamiento tóxico más que de personas tóxicas, ya que las personas en sí no son tóxicas, sino que lo que se vuelve tóxico es el comportamiento. 

Este tipo de comportamiento de estas personas afecta a todo a su entorno y tienen una serie de características o componentes:

  1. Son egocéntricas: hablan y se interesan en exceso en sí mismas. Llegan, incluso, a buscar la veneración, tienen que ser atendidas en todo momento.
  2. Su discurso está construido por quejas, críticas y pensamientos pesimistas. No hay forma de encontrar soluciones, todo son dificultades.
  3. Por todo ello, tienen un rol de víctima, eso les ayuda a ser el centro de atención, les ayuda a que las demás personas vuelquen su energía con ellas.
  4. Se sienten el centro del universo, y les falta empatía para darse cuenta de lo que provocan en su entorno.

A veces ese trato provoca que la autoestima de las personas del entorno se quede tocada, es como si sabotearan la autoestima de su entorno.

  1. Suelen sufrir por envidia hacia otras personas, a las que suelen tratar con desprecio e incluso agresividad.
  2. Suelen tener poca gestión emocional, no saben gestionar las emociones y se frustran con facilidad. Suelen ser infelices y no tienen herramientas para cambiar la situación.
  3. Por tanto, no se alegran de los éxitos de los demás. A veces justificaremos estas actitudes diciendo que es que tienen muchas cosas en la cabeza, y que se le ha olvidado felicitarme, o que se le ha olvidado preguntarme por lo que sucedió, o preguntarme cómo estoy…

 

Aprender a detectar estos comportamientos tóxicos nos sirve para establecer distancias que nos ayuden a no “contagiarnos”, a no desequilibrarnos, a no dejarnos arrastrar. 

A veces es duro, cuando son personas de la familia, por ejemplo, y ahí lo ideal es encontrar el equilibrio entre la educación y el autocuidado. 

Ser conscientes de lo que está sucediendo y poder poner límites no sólo nos ayuda a nosotr@s, quizá también pueda ayudar a otras personas que estén en contacto con esos comportamientos tóxicos. Por ejemplo, si la persona con comportamientos tóxicos es una hermana o hermano y empiezo a poner límites, esto podría beneficiar a mis hij@s…

 

¿Cómo poner límites? Puedes dedicar un tiempo limitado, es decir, vale, te escucho, pero te escucho 15 minutos. Después vuelvo a mi. 

También, por ejemplo, dejar de aportar soluciones, escuchar, pero sin “involucrarnos” dando soluciones. Nosotr@s podemos ver claro que esa solución podría sacarl@s de la situación que sea, y nos  frustramos porque no nos escuchan siquiera. 

Así que escucho por un tiempo limitado, sin involucrarme, manteniendo distancia (es decir, si tienden a la agresividad mantengo una distancia incluso física: puedo escuchar por teléfono, por ejemplo, pero quizá no presencialmente). 

Y no esperar nada de nada de ell@s, tener claro que, hagamos lo que hagamos, no va a ser equilibrado, no va a ser por ejemplo, yo te pregunto y tú me cuentas y luego tú me preguntas y yo te cuento… 

Con estas medidas, poco a poco (no hace falta ponerlas en marcha todas a la vez), iremos viendo que cada vez nos afectan menos estas personas y que, incluso, dejamos de tener contacto con ellas, ya que es posible que dejemos de ser interesantes para ellas.

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