Expectativa, la esperanza pasiva y no expresada

Generamos expectativas cuando tenemos la esperanza de realizar o conseguir algo, de tener un determinado resultado, y no tomamos acción para llegar a ese objetivo y no expresamos a l@s demás lo que estamos esperando.

 

Si tengo la esperanza de conseguir un aumento de sueldo, o de que mis hij@s estudien y aprueben, o de que mi pareja vaya a comprar a la tienda.

  • Entonces preparo las razones que puedo decir en la reunión con la jefa o el jefe y concierto una cita con ella/él.
  • Busco la forma de ayudar a mis hij@s: profesores de apoyo, hablar con profesores, lo que crea que pueda ayudar. Y le pido a mi pareja que vaya a comprar a la tienda.

Y si tengo la expectativa de conseguir un aumento de sueldo, me puede pasar que entonces miro mal a los que lo consiguen, me comparo, y me amargo pensando por qué se lo dan a otr@s y a mi no.

  • Castigo a mis hij@s o me desespero con ell@s, porque pienso que son capaces de hacer lo que yo pienso que tienen que hacer, pero no tomo acción, ni les pregunto qué necesitan para aprobar.
  • Y me pongo furiosa con mi pareja, porque estoy esperando que él o ella tome la iniciativa de satisfacer mi necesidad de que vaya a comprar a la tienda sin que yo se lo haya pedido.

 

En la expectativa hay “yo espero que…”, “yo había dado por hecho que…”, “yo creía que…”, “yo supongo que…”, “yo pensé que…”. Todo esto puede generar frustración, resentimiento, quejas, incluso sufrimiento.

 

Es por eso que se dice que la expectativa es esperanza pasiva, porque no toma acción. No busca solución para la necesidad. Y tampoco se expresa, no hay una petición.

 

Hacer peticiones específicas, directas, puede ayudarnos a resolver esta parte de la expectativa. Quién, cómo, cuándo y dónde son las preguntas a aclarar: “yo te pido, por favor, que tú vayas a la tienda hoy cuando salgas del trabajo y compres lo que hay en esta lista de la compra”. De esto hablamos y trabajamos en los talleres de comunicación asertiva.

 

Cuando hacemos peticiones generamos acción, ya no es una expectativa.

Y luego llega la respuesta, que es otro tema aparte, porque nos pueden decir que sí o que no (aprender a gestionar el no es muy conveniente, además de entender que si no aceptamos un “no” por respuesta, no estamos haciendo una petición, sino que estamos exigiendo).

Y entonces, con la petición y la respuesta se genera una conversación, y la conversación ya es una acción en sí misma y que puede dar paso a más acciones.

 

Así que, a partir de ahora, puedes empezar a tener esperanzas, trabajar para que se hagan realidad, y dejar de tener expectativas.